Victoria… ¿Qué victoria?

El PNP y su liderato, en su obsesión ideológica hueca, le siguen haciendo un daño permanente a su ideario asimilista. En 1998 trataron de decir que ganaron, y en Puerto Rico y Washington todo el mundo supo que fueron derrotados por Ninguna de las Anteriores. En el 2012 lo volvieron a intentar y trataron de decirle al Congreso que obtuvieron el 62% de los votos, pero nadie les creyó.
Este domingo repitieron el ejercicio, pero de forma más politiquera. En enero buscaron la aprobación del Departamento de Justicia federal para “ratificar” la victoria del 2012 a través de un plebiscito “federalizado” y en una muestra clara de su arrogancia, aprobaron una ley plebiscitaria sin consultar a otros partidos y grupos cívicos. El 13 de abril el nuevo esquema se le vino al piso cuando el Justicia federal invalidó la papeleta y les dijo que era mentira que solo la estadidad garantizaba la ciudadanía americana. Y de refilón, echó al zafacón los resultados del 2012.

Sin embargo, decidieron mantener el plebiscito y cada vez que insinuaban que la papeleta cumplía con la constitución y las leyes federales, el Departamento de Justicia de Estados Unidos aclaraba que eso no era cierto y que el gobernador lo sabía. Así las cosas, el plebiscito se convirtió en simulacro y en un meme de burla contra la estadidad.

El boicot dejó al PNP corriendo solo y su efecto real fue que este domingo el PNP y la estadidad corrieron contra sí mismos.

De los cinco plebiscitos que hemos efectuado en 1967, 1993, 1998, 2012 y ahora, el de este año es el de menor participación. Este domingo votaron 200 mil personas menos que en el de 1967, a pesar de que la población de hoy es un millón mayor. La votación refleja que votó un millón 300 mil personas menos que en el plebiscito de 2012. Y peor es que votó un millón 200 mil electores menos que en el plebiscito de 1998, que había sido el de menor participación en nuestra historia reciente. Votó menos gente que en el referéndum sobre la unicameralidad en el 2005 (que el PNP no respetó alegando la baja participación). ¿Cómo puede el PNP justificar en Washington que el país se expresó claramente con ese nivel tan bajo de participación?

El daño mayor lo hizo Ricardo Rosselló en los votos a favor de la estadidad. Desde la década de los noventa para acá, este domingo fue cuando la estadidad ha sacado el número más bajo de votos. Votaron 200 mil personas menos por esa alternativa que en 1998, que había sido el plebiscito con menos votos estadistas en la era moderna. De hecho, el voto estadista se redujo en trescientos mil, si se compara con el voto en el plebiscito de 2012, en cinco años, una reducción de 35% en el apoyo a la estadidad. Si el Departamento de Justicia hace dos meses invalidó el argumento de que el plebiscito de 2012 arrojó un resultado a favor de la estadidad, ¿con qué cara van a decir que ahora sí hay un mandato? La contestación del Congreso va a ser: hoy la estadidad tiene menos apoyo que en 1993, 1998 y el 2012.

Corriendo solos, la estadidad sacó menos votos que Rosselló para la gobernación y que el voto íntegro PNP en las elecciones del 2016.

El boicot fue un acto de afirmación y resistencia nacional, un acto de conciencia. El país no salió a votar porque nos importa el país. Nadie aquí ni en Washington se cree que la estadidad tiene un 97% de apoyo. Ya lo dice la prensa norteamericana e internacional, que destaca la baja participación como un serio cuestionamiento a los resultados.

Con un plebiscito deslegitimizado por el gobierno de Estados Unidos, y con estos números, es propio parafrasear aquella famosa frase que está grabada en la memoria colectiva como reflejo claro de una mentira y una contradicción histórica: victoria… ¿qué victoria?

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Publicada por El Nuevo Día en línea el 11 de junio de 2017